Suscríbete por

TELEGRAM

¿Qué tienen en común algunas iglesias «tradis», conservadoras y progres?
Un error tan extendido que se deja ver incluso en sacerdotes de los que se suele esperar mayor ortodoxia solo por adherir al usus antiquior

05/11/2022

1

Aunque no podría negar que la elección de tan provocador título ha sido totalmente deliberado, me veo en la obligación de señalar de forma sintética el correcto sentido de los tres términos usados allí para mayor claridad.

Tradicionalismo: Aunque la perversidad de la prensa liberal, junto a la ignorancia histórica, han provocado que hoy por hoy no sean pocos los que vinculen el término al lefebvrismo, al rechazo total del Concilio Vaticano II y a misas tridentinas, entre otras cosas, la verdad es que el tradicionalismo no es más que la militancia católica de conquista y reconquista del orden temporal, buscando su restablecimiento sobre sus fundamentos divinos y naturales a partir de lo establecido por la doctrina social y política de la Iglesia de forma íntegra. De esta manera, no podría haber católico bien formado que no sea tradicionalista. Y hago énfasis en el sufijo ismo ya que, por evitar la carga negativa que el término ha adquirido en las últimas décadas, algunos han optado por llamarse católicos «tradicionales» cuando no es del todo correcto a nivel gramatical. Por otro lado, el término hace referencia a las tradiciones nacidas de la Civilización Cristiana, constituyéndose así como una postura intrínsecamente contrarrevolucionaria, siendo la Revolución la inversión del orden querido por Dios (revolución protestante, revolución francesa, revolución comunista y revolución cultural tienen la misma raíz liberal e igualitaria). Me reservaré explicaciones más extensas y exactas para otro artículo, por ahora queda claro que estoy usando «tradi» de forma incorrecta sin otro fin que el llegar a quienes, sin formación política católica, confunden el término con la adhesión al usus antiquior.

Conservadurismo: Término bastante frecuente, tanto a nivel político como religioso, que en algunas ocasiones se toma como cosa buena por defender bienes como la vida, la familia, la propiedad privada, etc. Sin embargo, al pretender perpetuar algún momento del proceso revolucionario, abrazando de forma ecléctica lo que hay de bueno y malo en aquel, como si pudiesen vivir de manera armónica la virtud junto al pecado, constituye una postura destinada al fracaso a largo plazo por pactar con los principios liberales que están a la base de la destrucción de la Civilización Cristiana, principios muchas veces condenadas a nivel magisterial por la Iglesia. Dista mucho esta explicación del sentido impreciso que se le suele dar al término en algunos ámbitos religiosos cuando se identifica al conservador, o neoconservador, con aquel que, conservando algunas cuestiones de fe y moral, rechaza el usus antiquior como cosa del pasado del que no vale la pena preocuparse.

Progresismo: Lejos de suponer un progreso auténtico, el progresismo no es otra cosa que la pretensión de llevar a último término la ambición revolucionaria a partir de la adoración de las novedades, que en su momento condenó el Papa Pio XII, constituyéndose como el heredero natural del modernismo a partir de una estrategia nominal elaborada principalmente por los adherentes a la nouvelle théologie.

Estos tres términos suelen usarse de forma incorrecta reduciéndolos o vinculándolos a cuestiones principalmente litúrgicas siendo que sus implicaciones son mucho más extensas. Aunque, no está de más mencionarlo, en el caso del progresismo sí que hay una relación más cercana a lo litúrgico al ser este uno de los frentes que más se ha visto atacado desde finales del s. XIX por el modernismo. Quedando claro esto, y limitándonos al uso incorrecto de los términos, paso a centrarme en la respuesta a la pregunta del título.

¿Promoción del laicado?

Mucho se ha hablado de la promoción de los laicos en las últimas décadas y mucho también se ha tergiversado esa promoción. Para entender cómo se debe promocionar al laicado es necesario conocerlo. Sobre esto conviene hacer una distinción entre laico y seglar. A nivel sacramental, con la ordenación sacerdotal al centro, solo se puede diferenciar entre clérigo y laico, y este último no significa otra cosa que no-clérigo, careciendo así de elementos positivos de especificación. Ahora bien, atendiendo al estilo de vida del bautizado es posible hacer otro tipo de distinciones que nos permite diferenciar entre los que, en sentido estricto, son laicos por no haber recibido el sacramento del orden pero que abrazan una vida religiosa mediante la profesión de votos públicos, de los que siendo laicos no renuncian al mundo sino que lo conquistan extendiendo el Reinado Social de Cristo. La vida religiosa puede ser compartida entonces por clérigos y laicos. De esta manera tenemos al clérigo secular (que no abraza ninguna regla religiosa), al clérigo regular o religioso (que se sujeta a una regla de vida mediante votos), al religioso que no es clérigo (por lo que en sentido estricto es un laico) y, por último, al seglar. Entonces ¿Qué es un seglar?

El término seglar procede de la voz latina saeculum, siglo, más el sufijo ar, relativo a, significando lo “relativo a la vida del siglo”, teniendo, por tanto, como nota distintiva esta condición de vida: la dedicación a los asuntos del siglo, a los asuntos temporales, prioridades que no pertenecen ni a los clérigos seculares ni a los religiosos. A partir de aquí se puede entender mejor lo dicho por el Papa Pio XII cuando dijo:

«Hoy en día, dada la organización de la sociedad y el papel que todos están llamados a desempeñar en su vida, la responsabilidad del hombre católico parece mayor y más urgente, ya que la forma en que cada uno desempeña su papel depende del buen o mal progreso de lo público (…) A nuestro alrededor, las fuerzas del mal, sólidamente organizadas, trabajan incansablemente. Sus agentes especializados saben inspirar fanatismo en las almas ardientes, lo que no las deja descansar, lo que las hace enfrentar los peligros, lo que las lleva a excogitar las industrias más sutiles para lograr sus funestas intenciones. ¿Y tú que no harás por la santísima causa del bien, al servicio del divino Rey?»[1]

Bajo este aspecto, los fieles, y más precisamente los seglares, se encuentran en la primera línea de la vida de la Iglesia…

Discurso a los nuevos cardenales, 20 de febrero 1946

¿En la primera línea?

Hay una cuestión aquí que para muchos suele pasar desapercibida y que en el contexto del discurso completo de Pio XII se entiende mejor. Y es que al abordar el multisecular desarrollo revolucionario, el lector podrá notar un cambio de frente en los ataques recibidos por la Iglesia desde el siglo XIX. Casi desde su nacimiento la Iglesia sufrió los ataques de la herejía plasmada de forma dogmática, en este sentido, quien estaba en primera línea de la vida de la Iglesia era el clérigo formado con pericia en materia teológica y apologética. Sin embargo, en determinado momento, la herejía se tornó pragmática y social, abandonando el esfuerzo por atacar nuestra fe mediante el enunciado de proposiciones contrarias y optando por centrarse más en la construcción de un medio social tal que la vida cristiana sea en él progresivamente destruida o miserablemente degradada.

Ya no hay que luchar contra la Iglesia con palabras, eso sería propagarla. Hay que matarla con hechos.

Declaración de la Alta Venta italiana (masonería)

La propaganda del ateísmo puede ser inútil o dañina, no ya desde el punto de vista banal; para no alarmar (…), sino desde el punto de vista del progreso real de la lucha de clases, que (…) atraerá cien veces mejor a los obreros cristianos al comunismo y al ateísmo que un sermón ateo simplemente

Lenin en «Partido obrero y religión» p. 315

Queda claro, entonces, que la promoción de la que habla el Papa Pio XII no tiene nada que ver con mitos ridículos de supuestas liberaciones que el laico le debe al Concilio Vaticano II como si antes de este el seglar hubiera sido una especie de bautizado de segunda. Menos aún consiste en tergiversar el orden de prioridades que siempre ha caracterizado a los que no son ni clérigos ni religiosos. No se trata de una promoción de grado ya que sería atentar contra la naturaleza misma de la Iglesia el pretender poner a los laicos como iguales a los clérigos. Por el mismo lenguaje bélico que se usa es una promoción en orden a un combate que se ha hecho más urgente que nunca ya que al ser el seglar el principal responsable de la organización social, política y económica, el responsable de restaurar el orden temporal, ahora es quien se encuentra en la primera línea de la Iglesia ya que es el frente que le corresponde proteger el que está siendo atacado.

De esta forma el seglar se inserta profunda y cuidadosamente en la realidad misma del orden temporal y recibe eficazmente su parte en el desempeño de sus tareas, y al propio tiempo, como miembro vivo y testigo de la Iglesia, la hace presente y actuante en el seno de las cosas temporales (…). Es preciso, con todo, que los seglares tomen como obligación suya la restauración del orden temporal, y que, conducidos por la luz del Evangelio y por la mente de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana, obren directamente y en forma concreta en dicho orden

Decreto Apostolicam Actuositatem del Concilio Vaticano II

El mismo derecho canónico deja bastante claro cuáles son los deberes del laico (seglar) cuando dice:

225 § 1. Puesto que, en virtud del bautismo y de la confirmación, los laicos, como todos los demás fieles, están destinados por Dios al apostolado, tienen la obligación generaly gozan del derecho tanto personal como asociadamente, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo; obligación que les apremia todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo.

§ 2. Tienen también el deber peculiar, cada uno según su propia condición, de impregnar y perfeccionar el orden temporal con el espíritu evangélico, y dar así testimonio de Cristo, especialmente en la realización de esas mismas cosas temporales y en el ejercicio de las tareas seculares.

Tergiversación de la misión de los seglares

Lejos de haber asumido este compromiso, muchos sacerdotes, incluso los que adhieren al usus antiquior, terminan por llevar a sus fieles a girar únicamente en torno a un carisma o espiritualidad mediante actividades intraparroquiales. Resulta alarmante constatar cómo de forma concomitante al crecimiento numérico de los movimientos laicales, las instituciones seculares fundadas a partir de los principios católicos han desaparecido casi en su totalidad. Incluso las más prestigiosas universidades católicas, reconocidas por su ortodoxia, hoy son instituciones funcionales a alguna de las muchas caras de la Revolución. Así entonces esa “primera línea” de la que hablaba el Papa Pacelli que tanto hay que promocionar por su importancia quizá decisiva en la lucha contra la Revolución ha quedado enflaquecida, casi extinta, al contradecir aquella relación clérigo – seglar que la tradición católica había establecido desde los primeros siglos. Ese afán revolucionario de querer dar a los seglares nuevos derechos o, de forma igualitarista, ponerlos al mismo nivel que los clérigos, motivándolos a vivir de forma cuasi monástica y sin responsabilidades políticas y sociales, ha sido uno de los golpes mejor elaborados por la Revolución. La verdadera promoción de los seglares, de “las líneas avanzadas”, no es más que aquella concientización del papel más importante que estos están llamados a desempeñar. Concientización que no se reduce a la piadosa recomendación de ser «buen cristiano» o «buena gente» fuera de las paredes parroquiales. Supone una seria formación en doctrina social y política de la Iglesia en cuanto a sus principios rectores. Ojo, no hablamos de una formación teologizante ni nada por el estilo, incluso un analfabeto podría tener más claro estos principios que un teólogo, y lo digo con conocimiento de causa al haber estudiado teología con muchos que hoy en día son sacerdotes, la formación académica que hoy por hoy recibe el clérigo deja mucho que desear. Un título de bachiller en Sagrada Teología, que supone haber llevado uno o dos cursos de doctrina social de la Iglesia, no asegura conocer del tema, sobre todo si el profesor imparte su materia a partir de autores de línea modernista, liberal, socialista, etc.

A mis 32 años, después de conocer parroquias de todos los colores y sabores, tanto de mi país como del extranjero, solo conozco una que no incurre en este error y ofrece una formación íntegra a sus fieles sin pretensión alguna de conservarlos únicamente dentro de sus paredes. La única que no se limita a recordar, en tiempos electorales, que no se debe votar por comunistas, por abortistas o por promotores de la ideología de género sino que va más allá y constantemente explica lo que es la Cristiandad, la Civilización cristiana, el orden social cristiano, la sociedad orgánica, los cuerpos intermedios, la contrarrevolución, etc. y siempre a partir de lo establecido magisterialmente por la Iglesia ya que es lo único que resulta vinculante para todo fiel católico, no lo que opine tal o cual autor o teólogo. Todo esto sin descuidar el amor a la liturgia (incluso el usus antiquior), la belleza del arte católico, la vida de piedad, los ejercicios espirituales de San Ignacio, la confesión constante, etc. Con esto no quiero desmerecer a las parroquias que conservan buenas costumbres y se esfuerzan por ofrecer lo mejor que pueden a sus fieles, es una invitación a ver la urgente necesidad que tenemos de líderes católicos que gobiernen y restauren el orden temporal a partir de la doctrina social y política de la Iglesia, profundamente antiigualitaria y antiliberal. Si la parroquia no hace más que dejar a sus fieles en una zona de confort, muy activos con el carisma o espiritualidad particular pero de brazos cruzados con la realidad social, muy mal. Si en cambio los fortalece con los sacramentos bien celebrados y los motiva a salir a la conquista del orden temporal, bien. Ahora, si no solo los motiva sino que además se esfuerza por ofrecerles una óptima formación en cuanto a cómo conquistar el orden temporal mediante el perfecto cumplimiento de sus deberes seculares a partir de los principios de acción establecidos por la doctrina social y política de la Iglesia, super bien.

Por último, siendo esta mi columna, me tomo la libertad de presentar a la Comunidad Seglar de Cristo Rey, cuyo apostolado no parroquial justamente se centra en constituir una ayuda adecuada y eficaz para sus miembros en el cumplimiento de sus deberes seculares de cara a la restauración de la Civilización cristiana, de cara a la instauración del Reinado Social de Cristo. Si la quieren conocer un poco más lo pueden hacer a través de su página web: comunidadseglardecristorey.com.


[1] Mensaje a los hombres de la Acción Católica Portuguesa, 10 de diciembre 1950

<a href="https://inquisitivo.net/autor/samuel-soldevilla-burga/" target="_self">Samuel Soldevilla Burga</a>

Samuel Soldevilla Burga

Casado desde el 2019 con una maravillosa mujer, padre de familia. Seglar comprometido con la instauración del Reinado Social de Cristo. Con formación teológica, filosófica, jurídica y musical. Profesor de metafísica, filosofía medieval, filosofía moderna, filosofía de la naturaleza, filosofía de la ciencia y música. A pesar de sus múltiples defectos y limitaciones es director de Inquisitivo.net, presidente de la asociación Traditio Invicta y fundador de la Comunidad Seglar de Cristo Rey.

1 Comentario

  1. Avatar

    ¿Cuál es la Parroquia que promueve a los seglares correctamente que dices conocer?

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Únete a la lucha!

Necesitamos de tu ayuda para seguir adelante en esta batalla

Síguenos en redes