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La sociedad peruana, como muchos otros países occidentales, se ha visto trágicamente atrapada en una vorágine decadente a nivel moral, cultural, social, económico y político en la medida que ha cedido espacios a la multiforme y multisecular Revolución, entendida como LA INVERSIÓN DEL ORDEN QUERIDO POR DIOS y presentada así, con artículo determinado y con R mayúscula, para no confundirla con sus diferentes manifestaciones históricas, entre las que destacan la revolución luterana, con su liberalismo religioso e igualitarismo eclesiástico, la revolución francesa, cuyo igualitarismo triunfó en el campo religioso con el ateísmo laicista y en el campo político con aquella imposición sangrienta de la libertad como bien supremo, la revolución comunista, que transpuso estas máximas liberales e igualitarias al campo social y económico, y la actual revolución cultural que actúa in interiore homine y es capaz de revolucionar al mismo cuerpo humano concibiendo aberraciones morales que incluso forman parte de políticas públicas sujetas a agendas globalistas y que hasta hace unos cuantos años atrás solo cabían en mentes enfermas y pervertidas por el vicio, hoy, sin embargo, nos lo imponen como si fueran derechos humanos y fundamentales exigidos por la diosa democracia, concebida ya no como una forma de gobierno más sino como el fundamento de todo gobierno, la pretensión inmoral de querer someter todo a consenso.

Para terminar de presentar este infausto panorama, no podemos dejar de señalar lo lamentable que resulta cuando el católico poco formado, hastiado de la miseria que le rodea, opta por hacerle frente solo a una de las tantas caras de la Revolución abrazando otra postura igualmente revolucionaria, solo que aparentemente contraria, en un activismo que no solo es infructuoso y desnortado, sino que a corto o a largo plazo termina siendo perjudicial para la causa católica. Derechas e izquierdas, liberales y totalitarios, conservadores y progresistas, entre otros, no son más que falsas dicotomías nacidas de las mismas premisas filosóficas y antropológicas de la Revolución, su madre, promovidas a partir de los análisis superficiales y parciales que se detienen únicamente en el ruido de los fenómenos. Frente a esto, aquella postura reaccionaria que milita de forma integral por restaurar el orden roto por la Revolución y sus múltiples manifestaciones se llama CONTRARREVOLUCIÓN. Urge más que nunca, entonces, promover una perspectiva profundamente católica y contrarrevolucionaria sin otro fundamento que la doctrina social y política de la Iglesia, la cual permite combatir de forma integral las razones últimas de los distintos problemas que agobian a nuestro país. Se ha ensayado de todo, decía el gran cardenal Louis Édouard Pie, ¿No habrá llegado la hora de ensayar la Verdad?

Misión

Inquisitivo busca servir contenido de actualidad, análisis y nuevos formatos periodísticos con una línea editorial profundamente católica y contrarrevolucionaria en aras de anticipar y hacer frente a los distintos movimientos revolucionarios a través de audio, video, texto e imágenes, a nivel multicultural, multicanal, multimedia y multidevice.

A través de esta actividad se estaría promoviendo de forma efectiva la participación cívica en favor de aquellos bienes no negociables, como la vida y la familia, que están en la punta de la lanza del inmoral ataque revolucionario.

En este sentido, Inquisitivo imparte también contenido formativo con vistas a la cohesión de los fieles católicos en torno a sus deberes seculares y la defensa de los derechos de Dios sobre la sociedad. De esta manera nos constituimos como un actor influyente en la instauración y restauración de la Civilización Cristiana.

Visión

Inquisitivo aspira a ser la fuente periodística de referencia de los católicos de habla hispana que, respecto a la decadencia moral de la sociedad, constituyen aquella contra-ofensiva invisibilizada y dividida por los grandes medios de comunicación que monopolizan el tráfico de información y tergiversan según sus intereses la realidad.

Construiremos una sólida comunidad de usuarios a través de un constante intercambio de ideas en torno a las noticias, comentarios y análisis compartidos con nuestra audiencia, motivándola a participar activamente de este trabajo restaurador.

Conclusión

Si la pérfida Revolución ha avanzado tanto, arrebatándole espacios en el orden temporal a nuestro Señor Jesucristo y a su Iglesia, no es tanto porque sea fuerte, sino porque no ha encontrado suficiente resistencia que le haga frente. Es tiempo de que los seglares tomemos conciencia de nuestro deber social a partir de los principios rectores que la Iglesia nos proporciona a través de su magisterio vinculante y no de lo que se le pueda ocurrir a tal o cual particular. En este sentido podemos decir con el Papa San Pio X:

«No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la ciudad nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la Civilización Cristiana, es la ciudad católica. No se trata mas que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre nuevos, de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo

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